11 marzo 2011

¿UN MAIL SIRVE COMO PRUEBA EN UN JUICIO?

Un potencial cliente se pone en contacto por correo electrónico con una empresa a fin de contratar sus servicios. Las partes se reúnen personalmente o por teléfono y acuerdan que la firma enviará un presupuesto detallando las modalidades del contrato (servicios que se prestarán, plazos, precio, entre otras).

Luego, la compañía envía el presupuesto vía e-mail. Por el mismo medio, el cliente pide que se modifiquen determinadas cláusulas. Entonces, la firma vuelve a enviar el presupuesto. El cliente acepta la propuesta. La empresa empieza a trabajar.

Si las partes cumplen con lo pactado, no habrá ningún inconveniente: luego del plazo acordado, la compañía habrá prestado sus servicios y el cliente habrá pagado el precio, conforme a las modalidades acordadas.

Pero, ¿qué pasa si alguna de las partes no cumple?, ¿qué sucede si no se presta el servicio de acuerdo a lo estipulado o el cliente afirma que el precio convenido es diferente del que figura en la propuesta comercial? Si las tratativas se han llevado a través del correo electrónico, ¿qué valor probatorio tienen los e-mails ante un eventual litigio?
  
Lo primero a tener en cuenta es que no existe un único medio válido para probar un contrato, sino que, al contrario, se puede recurrir a distintos mecanismos, aunque, claro está, ellos no tienen el mismo valor probatorio.  

Conforme a la Ley de Firma Digital, los documentos y las firmas digitales tienen la misma validez que los tradicionales, por lo tanto si utilizan la "firma digital" el mail será prueba. 

Pero en la práctica diaria, no se utiliza la firma digital y simplemente se envían mails "comunes". ¿Sirven de Prueba?

Los tribunales locales se han expedido en varias oportunidades sobre esta cuestión. Recientemente, un nuevo fallo judicial ha vuelto a poner en claro que, aun cuando carezcan de firma digital, los e-mails son principio de prueba por escrito, de modo que se los puede presentar en juicio para probar un contrato siempre que emanen de la contraparte, hagan verosímil el hecho litigioso y que las restantes pruebas que se aporten corroboren su autenticidad.

La práctica empresarial cotidiana da suficientes muestras de la importancia que adquirió la negociación a través del e-mail. Antes, durante y después de la celebración y ejecución de un contrato, las partes intercambian correos electrónicos en los que exteriorizan su voluntad de acordar a lo pactado.

Aunque no contemos aún con un sistema de firma digital plenamente operativo, no deja de ser un instrumento válido a la hora de probar los contratos.

Pero su valor se limita a lo que se conoce como principio de prueba por escrito, y esto significa que por sí solo no basta, sino que debe ser complementado con otros medios de prueba. Saber esto e implementar las medidas adecuadas para ‘preparar la prueba' cobra vital importancia a fin de evitar complicaciones ante la eventualidad de un litigio con la otra parte.

Fuente: Extracto IProfesional.

CPN. MONJO FERNANDO.
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