21 octubre 2008

DEME 10 MINUTOS: AUN EN LA CRISIS, BUFFET RECOMIENDA COMPRAR ACCIONES

El mundo financiero es un caos, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Sus problemas, se filtraron a la economía general.

En el corto plazo el desempleo va a aumentar, la actividad económica se va a resentir y los titulares de los diarios seguirán dando miedo.Por ello es que ¡¡¡compré acciones de Estados Unidos!!!. Me refiero a mi cuenta personal en la que antes tenía nada más que bonos del gobierno norteamericano.

Si los precios siguen siendo atractivos, mi activo neto (excluyendo Berkshire) pronto estará en un 100% en acciones norteamericanas.

'Por qué? Una regla muy sencilla me lleva a comprar: hay que ser temeroso cuando los otros se muestran voraces y hay que ser voraz cuando los otros tienen miedo.

No cabe duda de que en estos momentos el temor es generalizado y que afecta aún a los inversores experimentados. Los inversores hacen bien en mostrarse cautelosos frente a entidades fuertemente apalancadas o empresas en débiles posiciones de competitividad. Pero los temores sobre la prosperidad a largo plazo de las muchas empresas sólidas del país no tienen sentido. Estas empresas registrarán subas y bajas en sus ganancias, como siempre ocurrió. Pero la mayoría de las compañías grandes marcarán nuevos récords de ganancias de aquí a 5, 10 y 20 años.

No tengo la más mínima idea si las acciones estarán más altas o más bajas dentro de un mes -o de un año-. Lo probable, sin embargo, es que el mercado se mueva a niveles más elevados, considerablemente más altos tal vez, mucho antes de que las emociones o la economía lo registren.

Durante la Depresión, el Dow Jones registró su nivel más bajo, 41, el 8 de julio de 1932. Pero la situación económica siguió deteriorándose hasta que Franklin D. Roosevelt llegó al poder en marzo de 1933. Para entonces, el mercado ya había avanzado un 30 por ciento.

Pensemos, si no, en los primeros días de la Segunda Guerra Mundial, cuando las cosas iban mal para EE.UU. en Europa y en el Pacífico. El mercado tocó fondo en abril de 1942, mucho antes de que aparecieran las fortunas de los Aliados. Una vez más, a principios de los 80, el momento para comprar acciones fue cuando la inflación era furiosa y la economía estaba deprimida.

En síntesis, las malas noticias son el mejor amigo de un inversor. Permiten que uno compre un pedazo del futuro de Estados Unidos a un precio bajo. En el largo plazo, las noticias sobre la Bolsa van a ser buenas.

En el siglo XX, Estados Unidos soportó dos guerras mundiales y otros conflictos militares costosos y traumáticos; la Depresión; una docena, aproximadamente, de recesiones y pánico financiero; crisis petroleras; una epidemia de gripe; y la renuncia de un presidente en desgracia. Aún así, el Dow Jones pasó de 66 a 11.497.

Uno podría pensar que a un inversor le hubiera resultado imposible perder dinero durante un siglo marcado por ganancias tan extraordinarias. Pero algunos inversores sí perdieron dinero.

Los más desafortunados compraron acciones sólo cuando se sintieron cómodos de hacerlo y procedieron luego a venderlas cuando los titulares de los diarios los hicieron sentir preocupados.

Hoy, la gente que tiene efectivo se siente tranquila. No debiera. Optaron por un activo de largo plazo terrible, que no devenga nada virtualmente y seguramente se devaluará.

De hecho, las políticas que el gobierno va a seguir en sus esfuerzos para aliviar la crisis actual demostrarán ser inflacionarias seguramente y por ende van a acelerar la caída en el valor real de las cuentas en efectivo.

Las acciones de interés variable, en cambio, van a tener casi con seguridad un mejor rendimiento que el efectivo en la próxima década. La diferencia será considerable, probablemente. Esos inversores que hoy se aferran al efectivo apuestan a que podrán calcular con eficiencia su alejamiento de éste tiempo después.

Pero mientras esperan la comodidad de las buenas noticias ignoran el consejo dado por Wayne Gretzky: "patino hacia donde va a estar el disco de hóckey, no hacia donde estuvo".No me gusta opinar sobre la Bolsa, y una vez más subrayo que no tengo ni idea sobre qué es lo que va a hacer el mercado en el corto plazo.

De todas maneras, sigo la recomendación de un restaurante que abrió en un edificio bancario vacío y luego publicitó: "Ponga la boca donde estaba su dinero". Hoy, mi dinero y mi boca dicen acciones, ambos.

Warren E. Buffett es el CEO de Berkshire Hathaway, una empresa holding diversificada.

Copyright The New York Times y Clarín, 2008.
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